Durante las vacaciones, los hábitos cambian. Los días son más libres, los paseos se improvisan, los fines de semana se alargan y su perro suele disfrutar más de su presencia.
Luego llega el regreso a la rutina: el ritmo se retoma, comienzan de nuevo los días de trabajo o de clase y la casa recupera su calma durante varias horas.
Para nosotros, es simplemente volver a la rutina. Pero para un perro que ha pasado varias semanas con sus humanos casi constantemente a su lado, este cambio puede requerir un tiempo de adaptación.
Preparar esta transición de forma progresiva permite recuperar un equilibrio más sereno, tanto para su perro como para usted.
Retomar progresivamente una rutina antes del regreso
Uno de los errores más frecuentes es esperar al día del regreso para retomar los antiguos hábitos.
Unos días antes del regreso, es preferible reintroducir progresivamente los horarios que su perro retomará después a diario.
En particular, puede:
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desplazar poco a poco las horas de las comidas;
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retomar horarios de paseo más regulares;
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recuperar progresivamente los momentos en los que su perro se queda solo;
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retomar un ritmo de acostarse y despertarse más cercano al del año.
Si tiene la costumbre de salir de casa a las 8 en punto, por ejemplo, puede volver a salir a esa hora unos días antes del regreso, aunque sea por poco tiempo.
Estos pequeños cambios permiten que su perro recupere sus referencias con suavidad, en lugar de vivir una ruptura brusca de un día para otro.
Reacostumbrar a su perro a quedarse solo
Durante las vacaciones, su perro quizá le haya acompañado a todas partes: salidas, paseos, viajes o simples momentos en casa.
Por lo tanto, es normal que haya perdido un poco la costumbre de quedarse solo.
Para ayudarle a recuperar esta autonomía, vuelva a empezar progresivamente:
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salga solo unos minutos al principio;
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aumente poco a poco la duración de sus ausencias;
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varíe los momentos en los que deja la casa.
Puede simplemente salir a hacer una compra, a buscar pan o tomarse unos minutos para ausentarse.
El objetivo no es dejarle solo varias horas de inmediato, sino recordarle que sus salidas forman parte de lo cotidiano y que siempre van seguidas de su regreso.
Variar la duración de las ausencias también es interesante: así su perro aprende que cada salida puede ser diferente y no necesita anticipar con precisión su regreso.
Ofrecerle una actividad antes de irse
Los primeros instantes después de su salida suelen ser los que más nota su perro.
Para ayudarle a vivir este momento con más serenidad, puede ofrecerle una actividad que le guste:
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una alfombrilla de lamer;
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un juguete dispensador de premios;
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un juego de ingenio adaptado a sus hábitos.
La idea es crear una asociación positiva en torno a su salida: usted se va, pero también ocurre algo agradable para él.
Simplemente asegúrese de elegir actividades adaptadas a su tamaño, edad y comportamiento para que pueda utilizarlas de forma segura.
Dar un verdadero paseo antes de irse
Antes de una ausencia prolongada, tómese el tiempo de ofrecerle a su perro un paseo de calidad.
El objetivo no es necesariamente caminar durante horas, sino permitirle ejercitarse física y mentalmente.
Un paseo en el que su perro pueda olfatear, explorar y tomarse su tiempo suele ser más enriquecedor que una salida rápida destinada únicamente a "hacer sus necesidades".
Según su energía y sus necesidades, también puede añadir unos minutos de juego o ejercicios de estimulación mental.
Un perro que ha podido explorar su entorno y satisfacer sus necesidades naturales estará generalmente más tranquilo en el momento de su salida.
No hacer que las salidas sean demasiado excepcionales
Cuando uno siente culpa por dejar a su perro solo, es tentador multiplicar los mimos antes de irse o convertir los reencuentros en un gran evento.
Sin embargo, unas salidas muy ritualizadas a veces pueden reforzar la importancia de este momento.
Intente, en cambio, irse con naturalidad, como un gesto cotidiano.
A su regreso, déjele unos instantes para que recupere la calma antes de retomar sus hábitos.
Así, su ausencia se convierte en una etapa normal del día, y no en un evento especial al que su perro deba reaccionar.
Crearle un entorno tranquilizador durante sus ausencias
Antes de irse, compruebe que su perro dispone de todo lo que necesita para sentirse bien:
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un cuenco con agua fresca;
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un espacio cómodo para descansar;
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su cama habitual;
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algunas actividades si le gusta jugar solo.
Algunos perros también aprecian un ligero ruido de fondo, como una radio o música suave. Otros prefieren simplemente recuperar sus referencias habituales en casa.
Cada perro es diferente: observe qué parece tranquilizarle y adapte su entorno según sus necesidades.
Las señales que muestran que su perro necesita más tiempo
Cada perro reacciona de manera diferente al regreso a la rutina. Algunos recuperan rápidamente sus hábitos, mientras que otros pueden necesitar un acompañamiento más progresivo.
Preste atención a algunos cambios inusuales:
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destrucciones repetidas;
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ladridos o aullidos importantes durante sus ausencias;
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agitación excesiva;
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pérdida de apetito;
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suciedad repentina.
Si estos comportamientos aparecen o persisten, puede ser útil pedir consejo a un profesional del comportamiento canino o a su veterinario.
En resumen: un regreso a la rutina suave para su perro
El regreso a la rutina supone un cambio de ritmo para toda la familia, y su perro también lo nota.
Después de varias semanas pasadas más tiempo a su lado, puede necesitar un poco de tiempo para recuperar sus hábitos y aprender a quedarse solo de nuevo.
Al retomar progresivamente una rutina, preparar sus salidas y responder a sus necesidades físicas y emocionales, le ayudará a vivir esta transición con más serenidad.
El objetivo no es que necesariamente disfrute de todas las horas que pasa solo, sino que comprenda progresivamente que sus ausencias forman parte de su día a día… y que usted siempre vuelve.

